Hola. Para hacer esto un poco más personal; ¿te puedo llamar Bloggy?
Ya respondo yo por ti: Sí.
Bueno, Bloggy hoy he realizado mi primera misión, a la cuál llamaré, esto.., RECLUTAMIENTO.
Sí, exacto, eso es.
Te cuento:
Alrededor de las 10 de la mañana, acostado en mi cama, empecé. Dave, Phil, Chris, John, Sarah, Michelle, Ashley. Esos fueron algunos de los nombres que había en la lista de alumnos del nuevo instituto. Gracias, papá, por conseguirlos. Y, por supuesto, al lado estaban sus correspondientes números de teléfono.
Al principio todos se extrañaban y su primera respuesta fue negativa. Pero gracias a mi carisma y mi persuasión aceptaron encantados; solo hizo falta mencionar sexo, alcohol y drogas.
Bueno, te preguntarás (si es que los diarios pueden preguntar) que qué es todo esto. Pues bien, allá va.
En este último curso del instituto, 4º de E.S.O. tuve algunos problemas con algunos de mis compañeros. Y claro, yo no iba a quedarme de brazos cruzados, no señor. Esos cabrones la iban a pagar, y bien. Quizás me obsesioné un poco con el tema y puede que no haya explicación para algo así, pero en ese momento mi mente solo se centraba en algo: venganza.
No me comí mucho la cabeza para planear algunas ideas; vale, dos. La primera era quemar las casas de cada uno de ellos. Pero era demasiado sádica. Así que pensé una un poco, solo un poco menos cruel. Dio la casualidad de que todos tenían mascotas, así que no tuve que personalizar cada plan de venganza. Mientras ellos estaban en clase y sus padres trabajando entré en sus casas dormía a sus mascotas y las, digamos, escondí por un tiempo. Puede que ese tiempo se excediera un poco, más o menos tres semanas. Las justas para que murieran.
Pensarás que te escribo desde un manicomio, pero no. Ahora me encuentro en mi cama de la nueva casa.
Todos pensaron que fui yo el malhechor, tampoco hacía falta pensar mucho, la verdad. Pero gracias a mi padre, que es abogado, solo tuve que estar 3 meses en un centro para menores. Fueron unas divertidas vacaciones, hice amigos y todo. Ya te contaré.
Al salir, mi padre consiguió que le trasladaran a otra ciudad, en la otra punta del país. Y aquí es donde empieza mi nueva vida. Mañana te cuento el resto.
Ciao.